domingo, 20 de febrero de 2011

Vida en Familia

Paso la semana y nos pasamos a nuestro apartamento, el cual quedó espectacular con el cambio de pisos, realmente Dios nos estaba acompañando de una manera muy linda. Comenzamos a organizar nuestras cosas y la sensación de felicidad era tremenda, por primera vez íbamos a vivir sólo los 3 como una verdadera familia.

Obviamente no teníamos muebles ni casi nada, pero el hogar se llenaba con nuestro amor. Durante los siguientes días comenzamos a buscar las cosas pero realmente se nos salían del presupuesto pues de verdad que el bolsillo se nos resintió bastante con esas dos semanas en Montreal, pues en dos semanas se nos fue el dinero presupuestado para todo un mes…

El sr Yves nos doto de algunas cosas como cama, comedor y un sillón para la sala, pero nos estaba urgiendo mucho conseguir lavadora pues la ropa sucia de Mateo ya se contaba por montanas. Durante esos días comencé a hacer el ejercicio de buscar en Kijiji.ca y encontré un anuncio de hacia como 4 meses de un combo de lavadora y secadora de no mas de 2 años de usadas, con el sr Yves hicimos el contacto, el me prestó su bicicleta y fui a verlas. El sr que me recibió me las mostró al detalle, era un electricista que tenia su hogar impecable y se notaba que cuidaba muy bien sus cosas, además me dijo que me podía dar garantía; acordamos el precio (realmente muy económicas) y quedamos en que yo lo llamaba para cuando las pudiera ir a recoger; así fue, a los dos días conseguí un camioncito y le llamé, fui por ellas y el las tenia listas, yo le di las gracias y el me dijo: amigo, si el buen Dios existe, estos aparatos eran para ti! (cuando sabes que Quebec es una provincia donde su gente se considera atea o simplemente lejana a toda expresión de religión, te sorprenden palabras como las que él pronunció), pues resulta que él no las había vendido hasta la fecha, no por falta de clientes, sino porque él decidía a quien venderle, pues no era por dinero.

El me acompañó hasta el apto y me ayudó a instalarlas, realmente se portó muy amable.

Nosotros seguíamos construyendo esta vida familiar, y realmente fue una etapa muy bella; además el hecho de tener yo que salir a buscar las cosas, de administrar el dinero, de hacerle frente al clima (era el final del otoño y realmente es un frío que jamás habíamos experimentado) , me hacia sentir en mi rol de padre, de protector, de dador.

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